Violencia sexual como arma de guerra: el narcotraficante que violó a 200 niñas para “formar un ejército con sus hijos”

Violencia sexual como arma de guerra: el narcotraficante que violó a 200 niñas para “formar un ejército con sus hijos”

Una investigación académica descubrió que el antiguo líder de un grupo paramilitar colombiano ya disuelto abusó sexualmente de cientos de menores de edad, quienes dieron a luz a por lo menos 70 bebés. Muchos de ellos terminaron en la organización criminal de su padre.

8 ABR 2019 – 06:16 PM EDT UNIVISION 

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Volume 3
El exlíder paramilitar Hernán Giraldo Serna, alias ‘Taladro’ y ‘El Patrón’, fue sentenciado en 2017 en una corte de Estados Unidos a más de 16 años de prisión por distribuir varias toneladas de cocaína en este país. La Fiscalía lo describió como “uno de los narcotraficantes más notorios de Colombia”.
Según una investigación académica citada por el diario El Tiempo, el antiguo líder de la organización paramilitar ya desmovilizada Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) abusó sexualmente de unas 200 niñas menores de 14 años en comunidades apartadas en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de ese país sudamericano, durante un período de entre 15 y 20 años.
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El informe menciona que varias de las víctimas tuvieron al menos 70 hijos del capo (en una corte de Colombia él reconoció ser padre de 38). Muchos de estos se unieron a la organización criminal de Giraldo Serna, quien pretendía extender su alcance a través de esta colaboración familiar, agregar la mayor cantidad posible de miembros confiables y un día cederles el mando militar de las AUC.
El plan era crear “un modelo familiar perfectamente adaptado para la guerra en el que su máximo comandante ostenta la conformación de una gran familia polígama distribuida territorialmente de forma estratégica para hacer presencia, ejerciendo dominio y temor en la comunidad”, explica la autora del reporte, Norma Vera Salazar, secretaria del interior del departamento de Magdalena.
El trabajo de documentación de Vera Salazar, que se inició en 2002, está enfocado en explicar “la violencia sexual como arma de guerra” en el contexto de un sistema patriarcal en la región montañosa donde operó a sus anchas ‘El Taladro’, como le apodan por su apetito sexual.

En el “crudo escenario” de un conflicto armado

La investigadora descubrió que el mafioso escogió a sus víctimas de acuerdo a sus características físicas: adolescentes de tes blanca, vírgenes y de caderas anchas. Vivía con ellas un tiempo en su rancho en la Sierra Nevada de Santa Marta, la zona montañosa más alta de Colombia, hasta que encontraba otra más joven. Entonces las devolvía con sus familias o las enviaba a una casa dentro de su territorio.
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Vera Salazar explica que estas menores cayeron en las garras de ‘El Patrón’ porque estuvieron “inmersas en el crudo escenario de la guerra, siendo sus cuerpos objeto de violencia sexual ejercida como arma para la consecución de fines estratégicos por parte de sus perpetradores”.
La funcionaria también encontró que la mitad de las niñas violadas por este mafioso fueron entregadas voluntariamente por sus padres. Aunque, en otros casos, éste se valió de su fama de asesino sanguinario para convencerlas, de acuerdo con varios testimonios recogidos en su informe, que en julio será presentado en el Congreso Internacional de Ciencias Sociales que se realizará en Francia.
Su trabajo cita el caso de una adolescente de 13 años a quien le ofreció joyas, viajes y otros lujos. Ella finalmente accedió a tener relaciones sexuales porque “sentía mucho miedo de decirle que no quería, porque toda la gente hablaba que él mandaba a matar a quien no hacía lo que él quería”.
Cuando ellas trataron de formar un hogar con otra pareja fueron asesinadas con brutalidad.
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“Nunca volveré a verme envuelto en drogas”

Giraldo Serna entregó las armas en febrero 2006 y se acogió a la Ley colombiana de Justicia y Paz, que contempla penas de un máximo de ocho años de prisión a cambio de colaboración para esclarecer crímenes. Por esa razón, no podrá estar más de ese tiempo en la cárcel en su país, a pesar de que un tribunal de Colombia lo condenó a 37 años de prisión por el asesinato del activista Julio Henríquez.
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La Fiscalía estadounidense señala que él se convirtió en comandante en jefe de las AUC en 1996, y que su fuerza armada controlaba una parte significativa del norte de Colombia. El capo fue extraditado en 2008 por una acusación de narcotráfico a granel interpuesta en un tribunal de Washington DC.
En su declaración de culpabilidad, Giraldo Serna admitió que durante una década los integrantes de su grupo delictivo controlaban gran parte del norte de Colombia donde se cultivaba, producía y distribuía cocaína. En esa región brindaba seguridad a narcos locales, incluyendo los sembradores y distribuidores de droga. Además, aceptó su responsabilidad en el envío de varios de esos cargamentos a EEUU.
En marzo de 2017, un juez federal lo sentenció a 16 años y medio de prisión, tras un proceso penal en el que por primera vez se permite testificar a víctimas del conflicto armado en Colombia. Esa oportunidad la tomaron la viuda y las hijas del activista Henríquez, desaparecido en 2001 porque supuestamente atacó la fuente de ingresos de Giraldo Serna.
En una carta enviada a la corte, el capo se comprometía a no volver a delinquir al regresar a Colombia. “Voy a criar ganado y cosechas, y despertaré con el amanecer y, si tengo que hacerlo, limpiaré suelos y lavaré platos o trabajaré conduciendo un taxi o cualquier cosa que pueda hacer, pero nunca volveré a verme envuelto en drogas y en ese negocio. Nunca jamás”, aseguró en su misiva.