Venezuela, el nudo gordiano de las dictaduras de crimen organizado

El régimen de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela es el origen y soporte de las dictaduras de las Américas. Sin petróleo venezolano la expansión del castrismo en el siglo XXI nunca hubiera existido, pero hoy no es posible su sostenimiento sin la delincuencia organizada transnacional desde el narcoestado venezolano. Si cae la dictadura de Venezuela se desmoronan las de Cuba, Bolivia y Nicaragua. El nudo gordiano de las dictaduras de delincuencia organizada de las Américas es el régimen de Venezuela y luego de años de intentar desatarlo es tiempo de cortar.

El término “nudo gordiano” viene de la leyenda griega de “Gordias”, un labrador de Frigia en la región que hoy es Turquía que, elegido rey, ofreció al dios Zeus su carro atando la lanza y el yugo con “un nudo cuyos cabos se escondían en el interior, tan complicado que nadie podía desatarlo”, con el presagio de que “quien desate el nudo conquistaría toda Asia”. Cuando Alejandro Magno tomó Frigia lo retaron a desatar el nudo gordiano y sacando su espada lo cortó, resolviendo de esta manera el dilatado asunto, origen de la expresión “tanto monta cortar como desatar” recogida como lema del rey Fernando el Católico en su escudo de armas.

El “nudo gordiano” es “un nudo muy enredado o imposible de desatar”, “una dificultad indisoluble”, un “obstáculo difícil de salvar o de difícil solución”, “resolver tajantemente y sin contemplaciones”. Se refiere al tipo de dificultad que toma mucho tiempo, causa muchas complicaciones por su falta de solución y que necesita soluciones creativas, decididas, pero muy inteligentes.

La dictadura de Venezuela es el nudo gordiano que impide la recuperación de la libertad y la democracia del pueblo venezolano y que al propio tiempo sostiene las dictaduras en las Américas en Cuba, Bolivia y Nicaragua como sistema de delincuencia organizada transnacional y peligro real para la región y el mundo.

En lo que va del siglo XXI el pueblo venezolano ha hecho de todo. Trató de creer en las proclamadas buenas intenciones de Hugo Chávez que resultaron siendo viles embustes. Intentó frenar el oprobio dictatorial mediante votaciones y elecciones cuyo triunfo no sirvió de nada. Ofrendó la libertad y la vida de miles de venezolanos masacrados, asesinados, torturados, presos, perseguidos y exiliados. Creyó en una dirigencia política a la que empoderó con triunfos electorales como el de la Asamblea Nacional, sin resultado alguno. Tomó la calle con masivas movilizaciones brutalmente reprimidas. Es víctima de una crisis humanitaria y sigue luchando.

No se ha podido desatar el nudo gordiano de la dictadura de delincuencia organizada en Venezuela, digitada por el castrismo de Cuba con alianzas de intereses espurios de Estados vinculados al terrorismo y al crimen organizado transnacional, que usan a Venezuela como una base política y geográfica en su agresión a Estados Unidos y la civilización occidental.

El problema de la dictadura en Venezuela –expansión de la dictadura de Cuba que controla además Bolivia y Nicaragua– no es un tema político o ideológico, pues no es una confrontación de izquierdas con derechas, o de socialismo contra capitalismo, ni solamente de detentadores abusivos del poder contra sus víctimas. Es la delincuencia organizada transnacional que controla varios Estados –el nudo es Venezuela– para cometer delitos de lesa humanidad, masacres, torturas, privaciones de libertad, narcotráfico, terrorismo y más, con impunidad y cobertura de soberanía, para establecer bases geopolíticas contra la paz y seguridad internacionales del hemisferio.

Es una amenaza real y actual para los países democráticos de la región. Los cientos de miles de migrantes forzados inciden ya en la economía, la seguridad y la estabilidad de prácticamente todos los países libres de las Américas como Brasil, Colombia, Panamá, Perú, Chile, Estados Unidos, México. El eje de narcotráfico en que se ha convertido Venezuela con la cocaína de las FARC de Colombia y de los sindicatos de Evo Morales de Bolivia penetra toda la región y afecta al mundo con graves consecuencias en seguridad y salud.

No se ha podido desatar el nudo gordiano de Venezuela. Es el tiempo de hacer como Alejando Magno, cortarlo. El corte corresponde por interés propio a todos los países democráticos de las Américas, con inteligencia y prontitud.

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