¿Qué personajes célebres se contagiaron en la pandemia de la gripe española?

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¿Qué personajes célebres se contagiaron en la pandemia de la gripe española?

PRODAVINCI 19/03/2020

De izq. a der. Kemal Ataturk, Kaiser Guillermo II, Sophie Freud y Mahatma Gandhi
Las investigaciones sobre la gripe española permitieron entender cómo un virus puede causar una pandemia, y posibilitaron la implementación de las estrategias que hoy se aplican para enfrentar brotes locales y globales, sea por el virus de la influenza o por cualquier otro agente infeccioso de alta contagiosidad como el actual SARS-CoV-2, causante de la pandemia COVID-19.
Los avances en el conocimiento de la biología de los agentes patógenos, de la epidemiología y la salud pública y las decisiones de organismos supranacionales como la OMS, han permitido contener las epidemias de la gripe asiática de 1957-1958, la de Hong-Kong de 1968-1969, la aviar de 1997 y 2003-2004, la pandemia de influenza A(H1N1) del 2009 con origen porcino, y la misma contención de la fiebre hemorrágica del Ébola.
La pandemia de gripe española causada por el virus de la influenza A(H1N1), ha sido posiblemente el evento más mortífero en la historia de la humanidad. Como sucede hoy con el Covid-19, los humanos no teníamos desarrollada inmunidad contra ese virus. Se ha calculado que la pandemia de gripe española cobró la vida de no menos del 2,5 % de la población del planeta, unos 50 a 100 millones de personas entre los años 1918 y 1920.
Las celebridades
Con tan alta incidencia, cuando se ha calculado que una de cada tres personas se infectó, muchos personajes del mundo político, intelectual y artístico de la época se vieron afectados. Con evolución y desenlaces variados, las secuelas de la gripe española marcaron el futuro de muchos de ellos, o simplemente les arrebató la vida.

Franklin Delano Roosevelt. 1913. Fotógrafo desconocido
La pandemia de gripe española comenzó en abril de 1918 en un campamento militar en Kansas, EEUU, donde se adiestraban soldados que serían trasladados a Francia para su participación en la Primera Guerra Mundial. Alistado en la Marina, Franklin Delano Roosevelt (futuro presidente de EEUU durante cuatro períodos 1933-1945), adquirió la gripe cuando esta se propagó en Francia y fue uno de los sobrevivientes que debió ser desembarcado en camilla del buque SS Leviathan, cuando regresaba a Nueva York.  Fueron muchos los soldados que murieron por gripe. A John Dos Passos la gripe española lo salvó quizás de morir en la primera guerra mundial, cuando la contrajo mientras cruzaba el Atlántico y quedara desmovilizado.

William Carlos Williams. 1921. Fotografo desconocido
La segunda onda fue mucho más letal y castigó severamente grandes poblados de Estados Unidos. Al médico y poeta estadounidense William Carlos Williams, la gripe lo afectó de otra manera, cuando debió volcarse por entero a la atención médica, dejando testimonio de cómo sus colegas enfermaban o morían en los no siempre exitosos intentos de salvar a los enfermos, y la extenuante faena de realizar hasta 60 visitas médicas diarias.
En mayo de 1918, la gripe ya expandida y causando estragos en Francia e Inglaterra, alcanzó la península ibérica. El Rey Alfonso XIII de España, el presidente del gobierno Manuel García Prieto y varios de sus ministros enfermaron, junto con dos tercios de la población de Madrid, y 8 de los 20 millones de habitantes del país. España fue neutral en la conflagración y no tenía la censura de prensa que sí imponían Francia e Inglaterra. El público recibía las informaciones que provenían de España y fue entonces cuando comenzó a apodarse a la gripe como española.
Después de la firma del tratado de paz Berst-Litovsk en marzo de 1918 entre el gobierno bolchevique y los imperios centrales (Alemán y Austro Húngaro), la movilización de los soldados desde el frente oriental al occidental en Francia, comenzó a mostrar avances. El hecho de que las tropas aliadas fueran víctima de la epidemia de gripe, afectando a más del 60% de la tropa, entusiasmó al káiser Guillermo II de Alemania. Confiando en la victoria final, la suerte cambió. El mismo Káiser Guillermo II y miembros de alto mando militar enfermaron, afectando la dinámica de las decisiones, desmovilizando a casi un millón de soldados alemanes ya desgastados y desnutridos. El aprensivo, deprimido y convaleciente Káiser abdicó el 10 de noviembre y el 11 se firmó el armisticio.
La gripe alcanzó grandes proporciones en India por las condiciones de pobreza y hacinamiento de sus pobladas ciudades. Varios miembros del Movimiento Independista enfermaron de gripe en el otoño de 1918, incluido al mismo Mahatma Ghandi, quien estuvo postrado por varias semanas con fiebre, sin capacidad de hablar ni leer, y con sensación de fatalidad, rechazando gran parte de los consejos de los médicos. Ghandi contó que en su enfermedad perdió todo interés por la vida, pero que también la enfermedad le permitió “una única oportunidad de examinar mis principios y someterlos a prueba”. Muy probablemente lo prolongado de su enfermedad y convalecencia se debió a que se había complicado con neumonía.

Guillaume Apollinaire. 1916. Fotógrafo desconocido
Guillaume Apollinaire, poeta y ensayista de la vanguardia de principios de siglo XX, autor de los Caligramas y del término “surrealismo”, se alistó en el ejército francés durante la Primera Guerra. Sufrió una herida de metralla en la sien y le fue trepanado con éxito el cráneo. Confinado en su vivienda, con lenta y progresiva mejoría, recibía muchas visitas, hasta que él y su esposa enfermaron de la gripe. Para Apollinaire el curso de la enfermedad fue fulminante y falleció. Su cuerpo ennegrecido y con el pecho hinchado obligó a cerrar la tapa del ataúd.
Como era de esperar, ante el misterio de esta enfermedad de masas, se ensayaba con pócimas, extractos vegetales y sustancias no probadas. No faltaban los especuladores. Charles-Édouard Jeanneret-Gris, quien posteriormente adoptó el seudónimo de Le Corbusier, había escuchado de propiedades protectoras del tabaco y el alcohol. No era todavía el incansable arquitecto que tanto aportó. Decidió encerrarse en sus aposentos en París durante el apogeo de la gripe, fumando y bebiendo cognac, mientras pensaba en cómo modificar el modo de vida de la gente. Fue el aislamiento lo que le evitó contagiarse y no el alcohol y el tabaco, que son factores de riesgo para una peor evolución.
Después de la gripe española, el mundo no fue el mismo. Mucho menos la efervescente ciudad de Viena, con su actividad vanguardista en la cultura y las ciencias. La suntuosa ciudad imperial sufría una acelerada decadencia durante la guerra, y la gripe atacó a los vieneses con ferocidad, matando a representantes del mundo cultural y del orden imperial.

La familia. Egon Schiele. 1918
Egon Schiele, admirador y seguidor de Gustav Klimt, uno de los mayores representantes del expresionismo austríaco, no concluyó el cuadro que resultó emblemático y premonitorio y que recibiera como título La familia. Schiele se había casado y esperaba un hijo. Su esposa falleció por gripe con seis meses de embarazo y el pintor murió tres días después, a sus 28 años de edad. La familia es un testimonio de la crueldad de la gripe. Muestra una pareja con miradas perdidas, divergentes, melancólicas y un hijo que no fue. “A cada época su arte y al arte su libertad” decía el temperamental genio Klimt, quien falleció el 06 de febrero de 1918 por una neumonía que le complicó una postrante hemiplejía y no por gripe española como algunos creen.
En septiembre de 1918, Mustafa Kemal, oficial del ejército turco, aliado de los imperios centrales, había inspeccionado las tropas alemanas en el frente occidental y le confesó al kaiser su convicción de que perderían la guerra. A punto de regresar a Estambul, quedó retenido en Viena afectado por la gripe. Mustafa Kemal se recuperó y fue conocido luego como Atatürk “padre de los turcos”, primer presidente de la República de Turquía.
También en Viena falleció por la gripe Sophie Freud, la hija mimada de Sigmund Freud, quien admitió que su obra Más allá del principio del placer, donde introdujo la pulsión de muerte junto al principio del placer en la teoría psicoanalítica, pudo estar influenciada por este hecho. Freud escribía en una carta a un amigo: “¿Puedes recordar una época tan llena de muerte como la presente?”
Un alto porcentaje de las personas portadoras de tuberculosis fallecieron cuando se les añadió la gripe española. Con Franz Kafka no fue así. El taciturno, existencialista y poco publicado en vida escritor, portador de tuberculosis, contrajo en Praga la gripe que lo mantuvo febril en cama por varias semanas. Enfermizo, murió a los pocos años a causa de la tuberculosis.
Al compositor húngaro Béla Bartók la gripe le cursó con una grave complicación infecciosa de oído y temió permanecer sordo, como sucediera con su admirado Beethoven. Se acostumbró a los opiáceos que le quitaban el dolor, mas no las alucinaciones auditivas que se prolongaron por largo tiempo.
Los médicos describieron un frecuente curso de afectación neuropsiquiátrica en la etapa de convalecencia de la gripe española en quienes sobrevivían. Profundo decaimiento, lentitud de pensamiento, trastornos sensitivos, delirios, ilusiones, alucinaciones, depresión, a veces por varias semanas.
Pedro Nava, médico prestigioso de Río de Janeiro, testigo de la apocalíptica enfermedad de masas que atacó a su ciudad, cuando había que recoger los cadáveres en la calle, escribió: “Para quien vivió aquellos tiempos, sus recuerdos no tienen color. Ningún tinte matinal, ni azul, ni púrpura crepúsculo ni plata lunar. Todo es color ceniza polvoriento, un rojo podrido que evoca lluvia, funeral, marcha fúnebre, viscosidad y catarro”.
Es casi seguro que el pintor noruego Edvard Munch fue víctima de la gripe y que su famoso cuadro El grito surgiera de su psique alterada por efecto de la gripe. Munch escribió: “Una tarde paseaba por un sendero, con la ciudad a un lado y el fiordo abajo. Me sentí cansado y enfermo. Me detuve y contemplé el fiordo: el sol se ponía y las nubes se tornaron rojo sangre. Sentí un grito atravesando la naturaleza; me pareció oír el grito”.

Retrato presidencial oficial de Woodrow Wilson. Frank Graham Cootes. 1913
En junio del 1919 se firmó el Tratado de Versalles. Woodrow Wilson, una de las principales referencias como político ético, presidente de EEUU entre 1913 y 1921, fue promotor de la creación de la Sociedad de Naciones. Estando en París, víspera de la firma del Tratado, enfermó y no pudo disuadir a los firmantes de evitar las severas medidas punitivas que se imponían a los alemanes y que quizás representaron alguna semilla para la segunda guerra mundial. Wilson desarrolló delirio y una psicosis transitoria, quizás una meningoencefalitis como complicación de la influenza. Hay versiones que cuentan que, en pleno delirio, debió ser rescatado mientras caminaba desnudo por los Campos Elíseos.
Max Weber, uno de los fundadores de la sociología moderna, político, historiador, economista, falleció en 1920 a causa de la influenza. Sobrevivieron el poeta Ezra Pound y la pintora Georgia O’Keefe, madre del modernismo estadounidense. D. H. Lawrence también sobrevivió, pero quedó con secuelas cardiopulmonares limitantes.
En Venezuela, la gripe cobró la vida de Alí Gómez, hijo de Juan Vicente Gómez, quien no asistió al sepelio y se mantuvo en cuarentena en Maracay durante los tres meses de epidemia.

William Osler. Fotografía de Gilbert & Bacon. 1880
Sir William Osler, de origen canadiense, con ejercicio también en EEUU e Inglaterra, uno de los grandes íconos de la medicina interna, fue también famoso por sus aforismos. Falleció en diciembre de 1919 por complicaciones infecciosas respiratorias, tras enfermarse durante la tercera onda de expansión de la gripe española. Osler defendió la autopsia como procedimiento fundamental para el aprendizaje y el conocimiento de los aciertos o equivocaciones de diagnóstico. Personalmente realizó unas 1.000 autopsias. La suya mostró los típicos hallazgos de quienes morían por gripe española: neumonía bacteriana (infección secundaria) de focos múltiples que se diseminaba por el árbol bronquial, intercalada con cambios inflamatorios inespecíficos (de origen viral).
Vale la pena mencionar algunos de sus aforismos: “La medicina es una ciencia de la incertidumbre y un arte de la probabilidad”. “A mayor ignorancia mayor dogmatismo”, “Jabón, agua y sentido común son los mejores desinfectantes”.

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