Para el gobierno uruguayo, en Venezuela hay democracia

Para el gobierno uruguayo, en Venezuela hay democracia

Distintos líderes del partido de gobierno uruguayo, Frente Amplio, han protegido, directa o indirectamente, al régimen que azota a Venezuela

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José Mujica, expresidente de Uruguay y Nicolás Maduro, dictador de Venezuela. (Foto: Secretaría de Comunicación de Presidencia, Uruguay)
La izquierda uruguaya tiene un problema con la democracia. Dado el prestigio que ella tiene por doquier, no puede atacarla directamente. Además, electoralmente es suicida. Por tanto, ha utilizado diversos mecanismos para debilitarla, siguiendo la consigna marxista de «revolución».
En las décadas de 1960 y 1970, un sector optó por la lucha armada mientras que el partido comunista y sus aliados –siguiendo las directrices de Moscú– defendían la «vía pacífica» o «democrática». Para estos últimos, la democracia no era un fin en sí misma sino tan solo un medio para alcanzar el poder y luego perpetuarse en él. Los países del este europeo constituían una muestra cabal de dicho mecanismo.
Se buscó vaciar de contenido a los términos «democracia», «libertad» y «derechos» para ir paulatinamente desnaturalizándolos. Se utilizó el concepto de «democracia liberal» en forma peyorativa porque, según esa postura, defendía a los derechos «burgueses» y a las libertades «formales». No se aceptaban la limitación del poder, ni el equilibrio y balanceo entre las tres ramas del Estado, ni los pesos y contrapesos que caracterizan al sistema republicano.Otro método ha sido seguir la doctrina de Antonio Gramsci. Es decir, infiltrarse y dominar las diferentes manifestaciones de la cultura, especialmente, los sistemas educativos. La meta era ser hegemónicos en la Universidad y centro de formación docente (ambos monopólicos en aquella época) porque es la forma más eficaz de «desparramar» su ideología al resto de la sociedad.
José Stagnaro Bonilla, en el artículo Dictadura, Izquierda y Democracia en Uruguay Transformación discursiva de la izquierda uruguaya pos dictadura, señala que «la base de todo el análisis e ideología de la izquierda revolucionaria (guerrillera o comunista) eran las dicotomías excluyentes, a partir de la que se calificaban países, procesos, individuos o fenómenos como revolucionarios o no revolucionarios». Los primeros eran los «buenos», los que perseguían el bien del «pueblo» mientras que los otros eran los «perversos», los insensibles ante el sufrimiento ajeno.
El paso por la dictadura militar (1973-1985) modificó las estrategias de los diversos sectores de la izquierda uruguaya. Sin embargo, su conducta posterior demuestra que no cambiaron tanto con respecto a las ideas que defendían ni tampoco sobre el objetivo final: suplantar a la democracia liberal republicana por ese esperpento denominado «democracia popular»: aquella en cuyo nombre se cometen las atrocidades más grandes.
El aprendizaje que la dictadura dejó a los tupamaros, es que la táctica comunista es más eficaz que la suya. Es decir, alcanzar el poder mediante el voto popular para luego ir desvirtuando al sistema republicano. Es lo que han venido haciendo desde que José Mujica fue presidente en 2010. En apariencia, Uruguay sigue siendo una democracia «plena» (The Economist dixit) pero los observadores atentos sabemos que paulatinamente va quedando solo el cascarón.
Y, si bien es cierto que hay ciertos grupos dentro de la izquierda que son republicanos, también lo es que no defienden con resolución su posición. Entonces, ¿serán tan democráticos? ¿O en su escala de valores el atornillarse al poder con sus privilegios está muy por encima de sus principios?
El resultado es que la izquierda radical dirige la política interior y exterior en Uruguay y los «moderados» los dejan hacer.
Estudios de opinión realizados entre dirigentes izquierdistas cuando el Frente Amplio (FA) estaba cercano a ganar las elecciones, demostraron que la «viejas» ideas todavía teñían muchas de sus concepciones «modernas». Por ejemplo, de que quien gobernara podía hacer lo que quisiera.
Siendo presidentes, tanto Tabaré Vázquez como Mujica han expresado poco agrado hacia la limitación de su poder. Ambos han ahogado económicamente al poder judicial y órganos de contralor, lo cual demuestra que tanto conceptualmente como en la práctica, los gobernantes izquierdistas tienen dificultad para comprender y aceptar que los poderes del Estado deben ser independientes porque de lo contrario, estamos bajo una tiranía.
Quizás por eso -y por los «favores» que le deben a la dictadura chavista- es que hacen papelón tras papelón internacional.

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