Los rostros del contagio

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Los rostros del contagio, por Rafael Henrique Iribarren Baralt

Los rostros del contagio

Esta pandemia nos ha mostrado lo frágil que es no sólo el cuerpo humano, sino la civilización. Se ha visto por una parte el noble sacrificio de muchos y al propio tiempo hemos visto a personas que normalmente se comportan civilizadamente, según las normas, comportarse con tal irreflexión, con respecto a las consecuencias que sus acciones puedan tener para con sus semejantes, que no pueden sino catalogarse de antisociales.
¿Se darán cuenta, por ejemplo, los que salen en cuarentena a pasear en bicicleta, y para colmo sin mascarilla, que tal vez son portadores asintomáticos del virus y que en consecuencia lo pueden estar contagiando a muchos, algunos de los cuales terminarían en crematorios, tal vez sin que los familiares tengan la oportunidad de verlos ?, ¿Se darán cuenta los que salen en cuarentena a hacer “bailo-terapia “en el parque sin mascarilla que mientras ellos gritan “¡Juuú!”, “¡arriba! “, y “Uno, dos… uno, dos. “, hay personas que lo están sacrificando todo y que están exponiendo a sus familias para que la sociedad siga medio funcionando?
A unos tantos de los que no usan la mascarilla sencillamente no les importa la vida de los demás, y probablemente a algunos de ellos tampoco les importe la de ellos mismos; pero en el resto de los que se resisten a usarla ocurre algo diferente.
Salta a la vista, por ejemplo, que muchos de los que se resisten a usar mascarilla están intentando sobrellevar la amenaza negándola o minimizándola.
Cuando el ser humano actúa en “manada “, bajo el influjo y el amparo de la misma, y bajo ciertas condiciones, se da permiso para comportamientos que de manera individual no tendría por reprensibles; y sólo los que son realmente fuertes son los que tienen la capacidad para frenarse a sí mismos, y actuar, en consecuencia, a contrapelo del grupo. Esa es la verdad que subyace a muchas masacres contra civiles en tiempos de guerra, a linchamientos, a violaciones colectivas, etc. Muchas de estas personas un tiempo después de los hechos no logran explicarse por qué actuaron como actuaron. Hace décadas conversé con un soldado que participó en la toma de venezolana de televisión. Recuerdo como si hubiese sido ayer como con rostro contraído por el dolor me contó como lo atormentaba la culpa.
Traje a colación la manera como el ser humano se comporta en “manada” porque considero que eso explica en parte la facilidad con la que muchos de los que se resisten al uso de la mascarilla dan al traste las recomendaciones científicas para minimizar el contagio. Ellos se eximen de su responsabilidad personal al plegarse a la manera de actuar del grupo. Pero, ¿Por qué todos los miembros del grupo anti – mascarilla se resisten a usarla? Si se les pregunta ellos se justificarían, por ejemplo, con conceptos como el de la “Libertad” (pasando por alto olímpicamente el precepto fundamental de toda convivencia: “La libertad llega hasta que vulnera el derecho del otro, que en el caso que nos ocupa es el derecho a la vida “), etc.
Intuyo que las razones que esgrimen no son en muchos casos las verdaderas, aunque ellos las crean así. Intuyo que hay una razón mucho más profunda.
Todos los seres humanos, unos más y otros menos, acarreamos un terrible trauma: La asfixia al nacer. Considero que este es el miedo, inconsciente, que se agazapa detrás de la resistencia de muchos a usar mascarilla.
La resistencia al uso de la mascarilla se vio terriblemente reforzada no sólo por el terrible mal ejemplo de líderes mundiales, que por egoístas razones electorales rechazaron su uso, sino por los muy macabros y sumamente poderosos laboratorios de desinformación, al servicio de estos líderes, que con elaboradas mentiras han justificado el no usarlas.
El anonimato en las redes sociales ha sido terreno fértil para que germinen este tipo de mentiras, algunas de las cuales son tan venenosas como creativas y sutiles.
Por ejemplo: Inventar declaraciones de importantes científicos; decir que las mascarillas asfixian; decir que el propósito de las mascarillas es despojar a las personas de sus personalidades al borrarles el rostro, para sí dominarlas ( el veneno de ese escrito lo potenciaron al agregar: Tal y como lo hacen los musulmanes al taparle el rostro a sus mujeres ); presentar muy sutilmente a los que no usan mascarilla como personas valientes mediante la siguiente frase, disfrazada de crítica: “ ¡ Cómo se atreven a no usarlas ! “(oportuno es recordar que el inconsciente no sabe de ironías); etc.
Hace años caminando por Caracas vi como un motorizado que iba por una acera, acortando distancias, casi atropella a una señora que por allí transitaba. Quien iba con ella le hizo un reclamo al motorizado. Este, indignadísimo, le respondió al reclamante, mostrando así su capacidad para autocriticarse en toda su mínima extensión: “¡Bueno, monta una acera para ti! “. El venezolano tiene muchas virtudes; pero el ejemplo citado muestra en esencia uno de sus peores defectos: “No mide, o no le importa, lo que sus acciones puedan afectar a los demás “. Esta triste y omnipresente realidad, que es un verdadero lastre para nuestro progreso como país, la he visto con meridiana claridad estos días al toparme con muchísimas personas sin mascarillas, o usándolas mal como para que no les digan que no las usan. En verdad estamos a años luz de países como Japón en donde la gente se pone una mascarilla cuando tiene gripe para no contagiar.
Las autoridades nacionales y regionales deben tanto más hacer algo para minimizar el no uso de la mascarilla cuanto que la explosión de casos es ya una triste y cotidiana realidad. Lo primero que deben hacer es dar el ejemplo, todos los funcionarios. Lamentablemente no lo están dando. Basta ver un piquete de la policía para comprobarlo. El gobierno debe exigir, so pena de algún tipo de multa, o de alguna penalidad, tanto el uso de la mascarilla como el cumplimiento de las normas vigentes relativas a la minimización del contagio.
Sería muy efectivo diseñar una campaña publicitaria que promoviese el uso de las mascarillas. Pueden intentar ponerlas de moda.
Recientemente vi al Dr. Anthony Faucal usar una mascarilla de “Los Nacionales de Washington “. Intuyo que ese era su esfuerzo personal para intentar ponerlas de moda, lo cual me pareció divertido porque a la sazón Trump aún se negaba de plano a usarlas. En la eventual campaña publicitaria se pudiesen usar lemas como: “No tengas miedo, póntela “, “No traiciones la causa, póntela “, etc.
El venezolano es un pueblo muy valiente. Es esta valentía la que nos permitirá reflexionar, en el santuario de nuestra conciencia. Cuando esta profunda reflexión ocurra, emergeremos renovados, y volviendo la vista atrás veremos, orgullosos, el terrible abismo de egoísmo e indiferencia que hemos logrado salvar.

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