Las Verdades de Miguel – 719

MI COMENTARIO DE LA SEMANA. Tres hechos recientes han conmocionado a la opinión pública, uno tras el otro. El primero tiene que ver con la muerte en un calabozo policial del capitán de corbeta (r) Rafael Acosta Arévalo, quien se encontraba detenido a las órdenes del Dgsim por estar presuntamente comprometido en actividades conspirativas. Hasta ahora, aun cuando la FGR imputó a dos efectivos militares por el deceso de Acosta Arévalo, no se han hecho oficialmente públicas las causas que le quitaron la vida al mencionado oficial en condición de retiro, dando la sensación de cómo sí se quisiera mantener en secreto los pormenores del hecho. Desde todo punto de vista se trata de una situación absolutamente condenable, sobre todo por la insistencia del Ministerio Público de no expresar los motivos que ocasionaron el fallecimiento de Acosta Arévalo, por lo que toma fuerza la versión según la cual este fue víctima de las torturas que le infligieron sus presuntos verdugos, de quienes no se puede asegurar que actuaron por cuenta propia. Todos sabemos que en los cuerpos policiales sus autoridades y custodios están al tanto de lo que le ocurre a un detenido; vale decir que si no hay una responsabilidad directa de los directivos del recinto carcelario, al menos si la hay implícita, y más allá aún cuando este tipo de hecho se hacen reiterativos, recordemos las extrañas circunstancias no aclaradas suficientemente de cómo ocurrió en el Sebin la muerte del concejal Fernando Alván, ratificada como suicidio. El segundo hecho tiene que ver con el homicidio perpetrado en la humanidad de Ángela Aguirre, en el estado Bolívar; por el caso de la muchacha presuntamente violada y asesinada están imputadas varias personas; sin embargo, todo indica que se le están dando largas al caso para proteger a los implicados, quienes gozarían de poder en la sociedad guayanesa. Un último suceso es el más reciente ocurrido en el estado Táchira donde, en una manifestación prácticamente doméstica, un estudiante de 16 años (Rufo Antonio Chacón) recibió en el rostro una ráfaga de perdigones disparada a quemarropa por un policía de la PNB, dejándolo ciego de por vida debido a la pérdida de ambos globos oculares. En esta oportunidad, la fiscalía ordenó la detención de dos agentes que actuaron en el incidente; no obstante, una vez más queda lo que en el fondo del problema tiene que ver con la responsabilidad de los jefes policiales. En los tres casos mencionados queda en claro que los mecanismos de represión son similares a los utilizados en el pasado, como lo son también los ánimos de encubrir y proteger a quienes, cometiendo hechos punibles, se escudan en el poder y la ascendencia que tengan en el sector judicial. Demás está decir que se debe revisar y reestructurar todo lo que esté relacionado a la actual doctrina policial. No hay duda que en no pocos casos de represión se actúa con resentimiento y hasta demencia. Además, se debe investigar si estos sucesos (al menos los casos de Acosta Arévalo y Rufo Chacón) no se corresponden con una estrategia de violencia destinada al descrédito institucional, sobre todo porque no se comprende la brutalidad empleada. Qué distinto sería si el Gobierno se decidiera a responsabilizar a los altos jefes policiales por lo ocurrido. Es condenable escuchar como algunos “opinadores” del lado oficial intentan justificar los desafueros porque una de las víctimas haya sido un conspirador, o que los comunicadores de los canales privados hablen de “asesinatos” (sin el vocablo presunto), sin mostrar elementos que respalden sus afirmaciones. En todo caso, estamos en la hora de cuestionar profundamente el establishment. Una vez más la impunidad aparece como el invitado de honor en la realidad venezolana. Los hechos ocurridos merecen el repudio general como repudiados fueron los asesinatos de Alberto Lovera (en el caso político) o de los tantos crímenes que, conociéndose sus autores, estos fueron protegidos. Hay que evitar el tratamiento politiquero del delito. No olviden quienes intentan justificar la muerte de Acosta Arévalo por tratarse de un “malandrín” comprometido en un intento de magnicidio, que en el pasado no faltó quien exaltara el asesinato de Jorge Rodríguez por estar presuntamente incurso en un secuestro. En cuanto al pronunciamiento del auto proclamado yo le preguntó si hace una semana él dijo esta boca es mía para defender al marino Acosta Arévalo cuando fue señalado oficialmente como parte de un complot para matar no sólo al Presidente sino también a importantes dirigentes políticos. Ante tales actitudes hoy cobra fuerza la siguiente afirmación de Cicerón: La falsedad está tan cercana a la verdad que el hombre prudente no debe situarse en terreno resbaladizo.

ENTORNO. Los siguientes conforman el quinteto de oficiales muy cercanos a Nicolás Maduro que han dejado de lado el llamarse chavistas para asumir la identificación de maduristas. Todos ellos constituyen el contrapeso a una de las figuras más importantes del chavismo. Son: los mayores generales Iván Hernández Dala (jefe de la Casa Militar y director del Dgsim, Manuel Bernal Martínez (comandante de la REDI Los Andes), los generales de división Jesús Rafael Salazar Velásquez (Zodi-Lara, ex jefe de la Casa Militar y ex presidente del IPSFA), Juan Carlos Du Bouly (Zodi-Carabobo) y el hoy desertor Manuel Ricardo Cristopher Figuera. Encabezan la avanzada de la promoción General Manuel Manrique (1988), propuesta para cerrarle el paso definitivo a la promoción Tomás Montilla (1987). FESTÍN. En fecha reciente, a Baltazar Cardenal Porras se le vio muy satisfecho asistiendo a una corrida de toros en España. En un aparte del evento fue entrevistado por TVE. En el curso de la misma hizo una apología de la sangrienta “fiesta brava”. Según este “dignatario” católico, ese desagradable espectáculo hermana a Venezuela y a España. Ver para creer. Pregunto: ¿De dónde sacará dinero para viajar al exterior y darse lujos negados a cualquier depauperado cristiano? INDIGENCIA. Cuando se tiene un hijo, se tiene a todos los hijos del mundo (Andrés Eloy Blanco). Me pregunto quién querrá a los niños de la calle que se han multiplicado como arroz en los últimos cinco años. Todavía recuerdo cómo los dirigentes de Primero Justicia y Voluntad Popular reclutaban con pago y drogas a los niños indigentes para que engrosaran las guarimbas y su violencia. Por ello ninguno de quienes incurrieron en ese delito fueron imputados, inclusive, muchos de ellos se pasean muy orondos en la actual Asamblea Nacional. Además, esa conducta quisieron repetirla en la frontera colombo-venezolana con el pretexto de la “ayuda humanitaria”. Hasta ahora ninguno de esos “dirigentes políticos” fue llevado a tribunales por ser responsable de aquellos acontecimientos. Ahora bien, si la Revolución se propuso acabar con la infancia desvalida cómo es que esta se viene multiplicando si no de manera exponencial, sí de forma importante. Por las principales urbanizaciones de la capital deambulan inclusive niñas embarazadas que no llegan a 12 años de edad. Muchos de los bebes son alquilados por sus madres para que otros se valgan de su presencia para pedir limosnas a las puertas de los restaurantes caraqueños. La droga y la prostitución son los componentes infaltables en una masa de indigentes todavía sin llegar a la pubertad. ¿Un fracaso de la Revolución? Sí. Estos condenados de la miseria poco o nada han sido tomados en cuenta. Ciertamente, antes de llegar la Revolución Bolivariana ellos fueron abundantes en número, pero, por qué ahora el caso retoma un carácter explosivo. En la vida cotidiana la caridad se materializó a través de la limosna, la cual paulatinamente se convirtió en un deber y, como tal, tuvo diferentes manifestaciones. Hoy más que nunca los llamados niños en situación de calle han sido inducidos a asumir su condición miserable y se les mira con menosprecio y para la mayoría son desagradables, apestosos y vergonzosos. VERDADES. El Último Domingo (Miguel Salazar): La historia de América Latina, llena de una pena atroz, le recordaba al general que los pasados a cuchillo una noche en La Guaira siguieron apareciendo por los caminos y senderos que conducían a los riscos de Galipán, como luceros intermitentes señalando la ruta por donde las huestes conquistadoras, crucificando a cuanto ser viviente encontraron, impusieron las nuevas del perdón de pecados desconocidos. El continente empujó por siempre una onerosa tristeza. El mismo pesar que llevó a José Palacios en sus borracheras por las calles de Cartagena, y que se extendió más allá, hasta llegar al Perú del destierro de Manuela Sáenz, muriendo con su peste entre las cenizas, en el hedor del pelo socarrado de América, llevándose consigo al Simón Rodríguez que no quiso ser Carreño. ¿Dónde estuvo el umbral de la fatalidad latinoamericana? Esa desventura que en los años de la guerra salvadoreña persiguió a Cayetano Carpio, la misma terrible historia que mató a Policarpa Salvatierra; esa patraña que terminó por eclipsar a Sucre en Berruecos. Cuánto desconsuelo. Una América irredenta convertida hoy en un remiendo de países porque ni en la Plaza Mayor de Bogotá ni en Caracas ni en Lima, llegaron a sonar a tiempo las descargas de la fusilería. RADIO. Entre 8 y 9 am, los lunes de cada semana estaré con mi espacio en ZETA FM100.3 (La Guaira). PROGRAMA. Este domingo 7 de julio de 2019 los esperamos a las 10 am en el espacio de su preferencia en que se ha convertido Las Verdades de Miguel en TV, en las mañanas dominicales.

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