La troika





Ánimo a ratos tendencioso el que induce a sospechar obsesivamente de quienes discrepen. Florece durante la justificada angustia que ha prendido en el 100% de los venezolanos en medio de la tragedia que nos ha convertido en víctimas de la maldad de los gobernantes. Digo 100% porque la sospecha envuelve también a la cumbre del poder. Se hunden los taumaturgos del socialismo siglo XXI con sus descoloridas banderas y aburridas consignas.
Sospechar de los demás se ha convertido en hábito. No verifican perversidades denunciadas al desgaire, por temor a ser desmentidos y quedarse sin discurso. Dicen los deseosos de compartir el curioso placer de arruinar honores y reputaciones que es un mal iberoamericano no solo venezolano, instalado en estos predios por los conquistadores que se aprovecharon de la inocencia del buen salvaje.
La batalla de Ayacucho fue recibida en el mundo con pífanos y tambores. Bolívar, enaltecido hasta la devoción. El escritor ecuatoriano Benjamín Carrión, acotó: y Sucre fue amado y aún lo aman mis compatriotas. La calidad humana del Mariscal de Ayacucho se evidenció en el primer intercambio de frases entre el virrey La Serna y el gran cumanés. Y se confirmó con la generosa Capitulación ofrecida al mando español. Tanta nobleza en el trato a los derrotados La Serna y Canterac, era la mejor carta de presentación de las naciones emancipadas.
Pero… ahí está el detalle. Resulta que el mismo día de conocerse la hazaña aparecieron grafitis en las paredes de Quito con este pareado:
  • Último día del despotismo
  • Y primer día de lo mismo
El pesimismo es comprensible en tiempos amargos, pero suelto, sin motivos, denota un goce íntimo que no cede a razones. Se refugia en gestos dudosos y enigmáticas sonrisas, como insinuando que se saben cosas ignoradas por los demás.
Nunca se materializó una solidaridad tan activa y vasta como ésta de hoy, ni se entreveró en forma tan clara con la crisis. Al intensificarse, dinamiza la propensión cismática del oficialismo, incide sobre la manivela represiva y reproduce, acrecentado, el ciclo. La culebra mordiéndose la cola.
Aparecen propuestas maximalistas. Tienden a desestimar la troika, que encierra en sí toda la legalidad del país. La AN, el TSJ-legítimo y la FGR. El planeta, poderosamente lanzado a apoyar el cambio hacia la Libertad y la Democracia en Venezuela, reconoce la troika y rechaza poderes y supra poderes manipulados por la cúpula ejecutiva. Si desconoce, como ha dicho, las elecciones de mayo, el gobierno perdería sus residuos de legitimidad. La troika encabezaría el tránsito hacia la plena legalidad. Eso sí, sin confundir justicia con venganza.
El país no quedará a caprichos personales. La disidencia unida conduciría en paz la normalidad constitucional. Es una causa de todos y para todos. Nadie se reserva el derecho de admisión. Civiles, militares, deben unirse al cambio incruento.
Suicida en cambio es proyectar a la troika las eventuales carencias de sus integrantes.
Suicida es desatender el irrebatible aforismo que nos recomienda no detenernos en los árboles para no perder la armonía del bosque

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