La paranoia fue la invitada especial en el cumpleaños número 65 del comandante

La paranoia fue la invitada especial en el cumpleaños número 65 del comandante

Miedo a que alguien entre con armas o licor, a que tomen por asalto el sitio, a que usen las fotos para burla o algo en contra de la revolución, a que ocurran hechos irregulares. En el Cuartel de la Montaña, este domingo 28 de julio, la celebración del cumpleaños del fallecido Hugo Chávez estuvo llena de cuidado y precaución por parte de sus seguidores

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EL PITAZO
Foto: Ronald E. Peña
Caracas.- Una mujer con un traje tipo taller, completamente rojo, se baja de la camionetica en el corazón del 23 de Enero. Se alisa la falda con cuidado de no estropear la rosa forrada en papel celofán que lleva en la otra mano y, una vez que logra poner en orden toda su indumentaria y enderezarse sobre sus sandalias de tacón, comienza a subir la colina que da a la entrada del Cuartel de la Montaña, la fortaleza que hace seis años sirve de hogar para los restos del expresidente Hugo Chávez.
Unos minutos antes, un abuelo entra al cuartel con su likiliki beige con botones dorados, una camisa blanca impecable por debajo, un sombrero y unos mocasines marrones con flecos. Luce su elegancia con altivez y camina con pausa mientras se acerca hacía los guardias de honor que este domingo revisan con particular cuidado a todos los que hacen fila.
Oler los envases de agua, de crema, e incluso de perfumes que algunos visitantes llevan en sus bolsos y carteras. Revisar los potes de comida, los estuches de maquillaje y palpar manualmente a cada uno de los que están en la cola, hasta a los niños, es parte del trabajo de este 28 de julio.
Ciudadanos de distintas partes de Caracas se acercaron al Cuartel para celebrar el cumpleaños 65 de Hugo Chávez | Foto: Ronald E. Peña
Es que no es cualquier día. Hoy es el cumpleaños del “Comandante supremo” y quienes cuidan su casa o la visitan están listos para la celebración de sus 65 años, aunque ya no sean en vida.
—Conchale, pero ¿Te vas a echar el perfume? —, le dijo entre risas una joven a la guardia que abrió el frasco que estaba en su bolso y oprimió el spray para oler la fragancia. —Es como exagerado, ¿no?
—Hoy hay que tomar medidas extremas. Es el cumpleaños del comandante. —Respondió la militar.
65 años habría cumplido el presidente Hugo Chávez y a seis años de “su siembra”, como sus seguidores llaman a su muerte, la veneración por el líder de la revolución bolivariana está llena de paranoias que se reflejan, incluso kilómetros antes de llegar al lugar que guarda sus restos y sirve de museo para su ideario.
Los milicianos eran los encargados de ofrecer el recorrido por este museo del pensamiento chavista | Foto: Ronald E. Peña
Desde la Plaza O’Leary, a tres kilómetros del Cuartel de la Montaña, se encuentra la primera alcabala policial que impide el acceso al 23 de Enero. Este domingo la entrada fue más sencilla desde la avenida Sucre, pero a partir de la entrada de la parroquia unas cuatro alcabalas más vigilan el recorrido de quienes deciden visitar los restos de Chávez.
Ya en la entrada del sector La Planicie un grupo de funcionarios de Casa Militar ordenan a los visitantes bajar de vehículos y motos y subir la pequeña pendiente a pie para llegar a la entrada del cuartel en cuyas torres es posible ver sacos y escopetas con las miras dirigidas hacia esa misma colina que todos los adoradores de Hugo Chávez suben.
Los seguidores del “comandante supremo”, pasaban en filas a contemplar la tumba | Foto: Ronald E. Peña
Una vez dentro los milicianos toman el control. Las mujeres trajeadas con ropa estilo militar son las encargadas de hacer el recorrido hacía el corazón de la fortaleza donde “La flor de los cuatro elementos”, el monumento que acoge el féretro del mandatario, se apodera de la atención de todos los visitantes.
Con camisas que muestran los ojos de Chávez, otras que dicen “Yo soy Chávez” y algunas que hacen mención a movimientos y fundaciones seguidoras del pensamiento chavista, todos contemplan impávidos el cambio de guardia con el que coinciden en su ingreso al monumento. Los cuatro soldados parados en cada pétalo de la flor, que visten cual aquellos de plomo con los que juegan los niños, se acercan a la tumba de mármol y entonan un canto acompasado y gritado en el que homenajean al fallecido.
La seguridad y precauciones se hicieron extremas este 28 de julio en las cercanías y dentro del Cuartel Militar | Foto: Ronald E. Peña
Sucede cada hora y media, todos los días en este sitio. Pero, hoy es especial y se nota en la lágrima que rueda por la mejilla de una de las soldadas que grita:
—¡Unidad, lucha, batalla y victoria! Chávez vive, la patria sigue.
Su llanto no es solitario, otras personas alrededor de la plaza central del cuartel lloran en silencio mientras suena la trompeta que acompaña las rimas de los soldados. Cuando todos creen que el momento triste terminó, aparece un grupo de personas visiblemente distintas al resto de los presentes. Se notan las diferencias en los lentes oscuros que todos llevan, en las chaquetas elegantes, el perfume que destilan a su paso y el respeto que todos los que trabajan en el sitio les manifiestan.
Con un inmenso arreglo floral de rosas rojas y blancas, parte de la familia barinesa de Hugo Chávez llega a visitarlo. Todos alrededor hacen silencio y solo se escucha el llanto de la señora Elena Frías de Chávez, que durante unos cinco minutos lloró sobre la tumba, mientras con un pañuelo cubrió su rostro.
Parte de la familia del mandatario también lloró sobre la tumba, a seis años de su muerte | Foto: Ronald E. Peña
—¡No tomen fotos! Hay que respetar el dolor de la familia —, dijo una de las responsables de preservar el museo.
De inmediato otros seguidores de Chávez se sumaron a la petición y comentaron la importancia de cuidarse “de los escuálidos infiltrados”.
—A veces vienen unas personas que no quieren a Chávez y se aprovechan para hacer memes y burlarse y aquí los que venimos es porque lo amamos de verdad, lo queremos y lo cuidamos —, dijo una abuela mientras obstruía con su mano la cámara del celular de un cubano que contemplaba la escena.
Dependiendo de las circunstancias y las personas presentes, permitían o no hacer fotos en el lugar | Foto: Ronald E. Peña
A la salida de la familia todo retoma la normalidad, pero se mantiene en la gente que visita el sitio ese aire de ceremonia que parece absorberlos cuando entran al salón en el que descansa Chávez. Automáticamente hablan en tono más bajo, caminan más lento, contemplan sin tocar y escuchan con atención a los milicianos, a esos mismos a los que les gritan e insultan en el metro cuando estos les piden los tickets para entrar al sistema.
—Tenemos dos libertadores, el padre de la patria, Bolívar y el comandante supremo que es el libertador del nuevo tiempo. Hoy en su cumpleaños no podemos olvidar que tenemos que luchar por mantener la revolución, su legado, incluso aunque la cosa este difícil. Ese es su regalo de cumpleaños: seguirlo y cuidarlo siempre de los enemigos —, les dice la miliciana a todos frente a la gigantografía de la concentración del 4 de octubre de 2012, la última vez que Chávez, el vivo, acompañó a su gente en las calles.
Foto: Ronald E. Peña

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