Jorge Granado: la nueva víctima de la homofobia en Venezuela

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ND Nacionales | junio 3, 2020 | 4:16 pm | .
A Jorge Granado todavía le cuesta hablar. Tiene los labios hinchados, el rostro desfigurardo y aún escucha la voz de sus agresores. Habla a través de un chat de Whatsapp y pocas personas le han visto de cerca en las últimas horas. Jorge es la víctima más reciente de la homofobia en Venezuela.


Pasadas las ocho de la noche del domingo 31 de mayo, en San Félix, estado Bolívar, el cuerpo adolorido de Granado estaba en el suelo de un callejón por el que ha caminado miles de veces. Jorge venía de casa de uno de sus amigos, en El Roble, cuando ocurrió la agresión.
“Siempre camino por ahí, pero es la primera vez que lo hacía solo”, escribe Granado desde su cama. El toque de queda, dictado en Venezuela como medida de aislamiento para evitar contagios de Covid-19, ha desolado calles enteras. Pero esa, por donde caminaba Jorge, tenía seis transeúntes.
Quiso correr. Algo no estaba bien. La noche, la inseguridad y la pandemia le pisaban los talones. Jorge no reconoció a los sujetos, pero éstos sí a él. “¿Dónde están tus amigos?” gritó uno de los hombres. Aceleró la marcha pero fue inútil.
Jorge es gay. Sus amigos, por los que los sujetos le preguntaban, también. Y ese fue la sentencia necesaria para que la manada lo rodeara, insultara y golpeara. “No dejaban de preguntarme por mis amigos. Ellos sabían quiénes somos y sabían que siempre paso por ahí”, se lee en uno de los mensajes de Granado.
Ser homosexual en Venezuela le dejó marcas esa noche. A golpes y correazos los sujetos le rompieron la boca y desfiguraron el rostro. Jorge, a sus 26 años, se suma a la lista de personas agredidas por ser homosexual. Tres días después los dolores en el cuerpo continúan y los hematomas se multiplican en su piel como los gritos de esa noche.
Jorge no recuerda con exactitud cuánto duró la brutal golpiza. Cuando la manada se cansó, se fue con su gorra y su reloj. Una especie de trofeo para los homofóbicos. Como pudo, Granado se levantó y echó a andar el resto de camino hasta su casa. San Félix, Cruce de la 45, por donde paseó tantas veces con sus amigos, llenos de perfume y alegría, esta vez la anduvo solo, llorando, bañado en sangre, oliendo a odio y sudando miedo.
Venezuela: un país homofóbico
El caso de Jorge Granado es un grano en la montaña de arena que eleva a Venezuela a uno de los países de América con los índices más altos de homofobia. Según explica Giovanni Permattei, presidente de la organización Venezuela Igualitaria, son pocas las víctimas que llevan su caso hasta la denuncia en el Ministerio Público.
El activista maneja datos que apuntan que la violencia intrafamiliar es un agregado poderoso para la homofobia en Venezuela. “La violencia se vive dentro de nuestros propios hogares. Padres y madres que violan a sus hijos (caso Maracay 2015) o los golpean diariamente hasta que se les ‘cure’ la homosexualidad (caso San Cristóbal 2016). Otros encierran a sus hijas sin ningún tipo de comunicación para que no se vean con sus novias (caso Valencia 2016), vecinos que violan a sus vecinas lesbianas para ‘corregir’ su lesbianidad (caso Maracay 2014) o estudiantes que queman vivo a sus compañeros de clases con gasolina (Maracay 2014)”, detalla Permattei de memoria.
El diario El Nacional, en su edición del 3 de diciembre de 2017, afirmaba que Venezuela es el cuarto país con más asesinatos de personas LGBTI en América. El Observatorio de Personas Trans Asesinadas, con sede en Viena, se basa en publicaciones de los medios de comunicación refiriéndose a casos de crímenes de odio contra miembros de la comunidad LGBTI, para confirmar dicha posición de Venezuela en el ranking de la homofobia.
Aun así, y sin restar mérito al trabajo de recolección de datos que hacen las diferentes organizaciones, Giovanni Permattei, asegura que en Venezuela, contabilizar víctimas de LGBTfobia no es tarea fácil.
“Primero: no hay cultura de denuncia. El estigma no invita a hacer la denuncia de violencia por odios a personas LGBTI, porque no hay confianza en las instituciones. Sus funcionarios y funcionarias no están formados ni sensibilizados para atendernos y nos revictimizan o se burlan. La culpa y la vergüenza que nos enseñaron a sentir nos hace creer que somos responsables de los que nos pasó, y por ello tampoco denunciamos”, explicó.
El miedo a visibilizar la homosexualidad ante la familia y amistades, así como el temor de despertar la violencia de quienes han sido agresores en estos episodios, son factores determinantes para que la denuncia no esté presente como primera opción entre los agredidos.
Quizás la primera razón no esté presente en el caso de Jorge Granado porque él no esconde quién es. Pero la segunda, ahora mismo, lo aleja de presentarse ante las autoridades.
“No quiero ganarme más enemigos. Sé que este caso quedará impune”, es la razón que da Jorge para no denunciar.
“Entre tanta crisis en secuencia, ¿cómo recomendarle a alguien que denuncie? La única estrategia que utilizamos es: acompañarlo a hacer la denuncia y ofrecer el apoyo tanto de nosotros como el resto de colectivos, ONG o movimientos sociales que de peso y sepa cómo enfrentar la LGBTI fobia en las instituciones. Es necesario hacerlo visible también por redes sociales”, resaltó el activista.
Jorge en tres tiempos
Jorge Granado tiene la vida, después de la golpiza, tendida en tres tiempos.
En pasado: llegando al hospital Dr. Raúl Leoni con uno de sus amigos. Jorge fue sometido a exámenes, curaron sus heridas y el informe arrojó la presencia de severos hematomas y fisuras en la nariz. De los dolores en su espíritu, causados por la homofobia, no aparecen en la historia médica.
En presente: encerrado en su casa lleno de morados. Granado nunca había sido víctima de ofensas ni golpes por su orientación sexual. Su primer encuentro con la homofobia lo dejó en cama, con la piel marcada y escuchando los gritos de la manada.
En futuro: el mejor en lo que sabe hacer. A sus 26 años, Jorge Granado se ha preparado como asesor de imagen en Bolívar. A eso se dedica y tiene una meta muy clara una vez se levante de la cama: volver al salón y enfocarse en su carrera.

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