El narcosocialismo en Latinoamérica

El narcosocialismo en Latinoamérica

El narcotráfico y el socialismo, de la mano, han forjado la historia reciente del continente

1 Comment 206
Guerrilleros de las FARC. (Foto: Paul Smith, Flickr)
La prensa chilena ha vuelto a poner en evidencia los vínculos del Partido Socialista y el narcotráfico. No es la primera vez que sucede, y tampoco será la última. Las democracias corruptas, liberales y socialistas del Cono Sur se han vuelto creativas a la hora de financiar sus campañas políticas: desde crear una clase empresarial propia (a la cual le dan contratos con el Estado, como es la trama Lava Jato, encabezada por Odebrecht y Lula Da Silva en Brasil) hasta recurrir a diversos negocios ilícito y perversos, como lo es el narcotráfico, la prostitución infantil o la trata de personas.
Estas acusaciones anteriores se leen con incredulidad, ¿cómo es posible que los políticos del continente lleguen a tanto por mantener el poder? Eso es lo primero que las personas decentes pensamos; no es de buen cristiano avalar todo lo anterior, ni tampoco de persona trabajadora que se gana el pan con el sudor de su frente. La realidad, sin embargo, dicta algo muy distinto a nuestra moralidad.
Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
El narcotráfico es la joya de la corona del narcosocialismo, fue una oportunidad que no pudieron dejar pasar. Con la caída del imperio de la cocaína en Colombia, gracias al esfuerzo internacional entre las fuerzas de orden y seguridad colombiana en alianza con los norteamericanos, se logró destruir una de las redes más longevas y sólidas de narcotráfico que vivía de enviar drogas a los países desarrollados, especialmente a Estados Unidos, dada la cercanía geográfica.
Destruido Pablo Escobar, símbolo de esta época (aunque no el único), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), (una de las guerrillas más grandes y la más duradera de América) decidieron tomar su lugar. Además de esclavitud de pueblos colombianos, explotación ilegal de recursos minerales, tráfico de armas, secuestros, apoyo al terrorismo internacional, las FARC sumaron a su causa marxista y socialista el narcotráfico.
Al aliado por excelencia de las FARC, el régimen socialista cubano, le pareció una gran inversión. Cuba ya hace décadas vivía de parasitar de la Unión Soviética, básicamente desde la usurpación del poder de Fidel Castro, cuando expropió y arruinó todas las azucareras, el principal producto de exportación de la isla. Al mismo tiempo, erradicó la mafia clásica del siglo XX, porque la única mafia, de ese momento en adelante, sería la del régimen socialista. Es así como en Cuba empezó a proliferar la prostitución (sus practicantes mujeres eran conocidas como «jineteras») que arrastró también hombres y niños, obligados a recurrir a tan denigrante oficio, todo por tener algo que comer, o que algún extranjero de buen corazón los saque del infierno socialista.
Organizando la historia cronológicamente, primero ocurrió la desgracia socialista cubana, en los años 1960 y luego vino la creación de la FARC, en las guerrillas de los 1970. Con el desplome de la Unión Soviética en el 1989, el régimen socialista cubano crea el Foro de Sao Paulo, su versión criolla de la URSS, del cual las FARC hoy forman parte como partido.
Con la aparición del Foro de Sao Paulo, se plantearon financiamientos inmediatos, ya que la vía armadas fue descartada. Ahora se tomarían el poder por la vía democrática, para corromper, destruir y engendrar el socialismo desde adentro. La solución fue crear una clase de empresarios corporativista que ganaría millones de dólares en contratos con los presidentes de izquierda en el poder. Así fue como se aliaron con Odebrecht, una empresa que prefirió corromperse y destruir países, para generar más riqueza, sin tomar en cuenta que donde el socialismo entra, también se toma y destruye todas las empresas.
Al llegar al poder todos estos marxistas, guerrilleros, comunistas y progresistas, como Hugo Chávez, Tabaré Vázquez, Ricardo Lagos o Michelle Bachelet, inmediatamente Odebrecht y el resto de las contratistas, como OAS en Chile, empezaron a ver el crédito de financiar el mal, millones de dólares en obras, sin ningún tipo de supervisión. Así fue el caso de Venezuela, donde ninguna obra del régimen socialista del teniente Chávez o su testaferro Maduro fue culminada. Todo el dinero fue repartido entre los jerarcas del régimen y los empresarios.
Posteriormente, las Naciones Unidas, llena de filomarxistas o exguerrilleros, hicieron alianzas con estos gobiernos de izquierda, consiguiendo aún más fondos en causas como los refugiados o supuestamente para financiar el indigenismo o acabar con el hambre. Esos montos, también sin supervisión, han ido a parar al bolsillo de políticos socialistas, sus burócratas, sus ONGs, operadores políticos y lobbistas. A través de las Naciones Unida se ha organizado y financiado la trata de personas, como la traída indiscriminada de haitianos a Chile o la caravana centroamericana con destino a Estados Unidos.
Al tomar Chávez el poder total en Venezuela, en el 2003, las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) empezaron a operar como narcoguerrilla dentro del país vecino, y con el apoyo del ejército socialista venezolano. Fue así como crearon la mayor red de droga del mundo, que exporta el 70 % de la droga que ingresa a Europa.
A las FARC, Cuba y Venezuela, hay que sumarle el productor de droga del sur, que es el tirano Evo Morales, y el que suministra drogas a México, Daniel Ortega. A este club de narcosocialistas tiranos, ahora ingresa López Obrador, el caudillo mexicano, miembro del Foro de Sao Paulo y autodeclarado hombre de izquierda, aliado de Maduro. Cabe señalar que la mente detrás de toda esta operación es el régimen cubano.
Así que cuando le hablen sobre la izquierda narcosocialista latinoamericana, recuerde que no solo nos enfrentamos a un sistema criminal y asesinos, también nos enfrentamos a la mayor mafia delictiva de la historia de la humanidad que lucra con esclavitud, la prostitución, la pedofilia y el narcotráfico. Esto no es solo una guerra contra una nociva ideología política, es una guerra entre el bien y el mal. Están los que representan la muerte, la devastación y al diablo: la izquierda ideológica. Y estamos los que representamos la vida, la cultura y a Dios: la derecha patriota, que vela por la familia y la seguridad de los suyos.

AdSense