EFEMÉRIDES|Hace 53 años fallece el primer Cronista de Caracas Enrique Bernardo Núñez

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Caracas, 30 de septiembre de 2017.- Este 1 de octubre se cumple 53 años del fallecimimento del primer Cronista de Caracas, Enrique Bernardo Núñez, nacido en Valencia, estado Carabobo, en el año 1895, fue un escritor venezolano apasionado de las letras, autor de uno de los libros más interesantes y populares de Venezuela: La ciudad de los techos rojos (1947).

A la edad de  quince años, partió a Caracas, decidido a dedicarse al periodismo completando la primaria en la escuela de Rafael Pérez y el bachillerato en el colegio Requena, en el cual ingresó en 1907, y fundado, un año antes de dejar su Valencia natal, el periódico Resonancia del Pasado.

Por estas fechas comenzó a frecuentar las tertulias de quienes acabaron integrando la llamada generación de 1918 y a escribir sus primeras obras serias. Con una de ellas, un “Bolívar orador”, obtuvo en 1918 una mención en los Juegos Florales, y ese mismo año publicó su primera novela: Sol interior, a la que siguió, apenas dos años después, Después de Ayacucho.

En cuanto a su actividad como periodista, inició entonces una brillante y activa carrera que lo llevó del puesto de redactor de El Imparcial (1919-1920) y colaboraciones asiduas, a partir de 1922, en los principales órganos periódicos los diarios El Universal, El Heraldo y El Nuevo Diario, así como las revistas Élite y Billiken a la dirección del Heraldo de Margarita, que él mismo fundó en Porlamar en 1925.

Como muchos escritores venezolanos de su generación, Núñez pasó sin mayores dificultades de la escritura a la diplomacia. Y mientras ejercia funciones como primer secretario de la legación de Venezuela en La Habana (1929) comenzó a escribir en la capital cubana, su memorable obra Cubagua, a la que pondría punto final un año después, en la legación en Panamá.

Cubagua aparecería publicada en París en 1939, en el fatídico año del inicio de la Segunda guerra mundial, hecho éste que sin duda permite comprender por qué esta novela careció prácticamente de recepción crítica en Francia.

En 1945 fue nombrado cronista de la ciudad, responsabilidad que volvió a asumir en 1953 y que ejerció hasta 1964, y en el marco de la cual impulsó la revista Crónica de Caracas. Ya para estas fechas, sus intereses se habían desplazado de la literatura propiamente dicha a la historia.

Forman parte de sus publicaciones Signos en el tiempo (1939), Viaje por el país de las máquinas (1954) y Bajo el samán (1963), una crónica sobre el Canal de Panamá, La galera de Tiberio (1932); dos relevantes biografías, una dedicada al general Cipriano Castro (El hombre de la levita gris, 1943), la otra a Arístides Rojas (Arístides Rojas, anticuario del Nuevo Mundo, 1944).

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