De Sai Baba a los “pranes”: el contradictorio camino de Maduro entre la brujería y los crímenes violentos

De Sai Baba a los “pranes”: el contradictorio camino de Maduro entre la brujería y los crímenes violentos

La ministra de Prisiones se reúne “en algunas instancias, en persona, con los delincuentes de mayor poder del país”, denunció David Placer en su libro El dictador y sus demonios, que analiza los lazos invisibles entre Sai Baba, Nicolás Maduro, la santería y la violencia de los “pranes”

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Infobae
“En la Venezuela chavista, el gobierno ha llegado a permear las cárceles, y viceversa”, denunció David Placer, periodista que dejó su país para exiliarse en España en su libro El dictador y sus demonios. Se trata de una red favorecida por la ministra de Prisiones de Nicolás Maduro, Iris Varela, que conforman los reclusos que se imponen como líderes, por medio de la violencia, en las cárceles: los pranes.
Pran fue, originalmente, un acrónimo. “PRAN: preso rematado, asesino nato”, escribió Placer. “Desde 2010 los pranes han ido ganando mayor poder dentro y fuera de las cárceles de Venezuela”.
Se trata de reclusos que imponen las leyes de la prisión, poseen armas y viven con el lujo de un aire acondicionado mientras los demás no tienen siquiera una letrina. “Con la llegada de teléfonos móviles a las cárceles, también comparten su forma de hacer crímenes en las redes sociales. Muestran sus tatuajes orgullosos, sus cadenas de oro, sus cicatrices por navajas o disparos y, por supuesto, el arsenal”, agregó el periodista.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores con Sai Baba, en diciembre de 2005, en el ashram del gurú.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores con Sai Baba, en diciembre de 2005, en el ashram del gurú.
“El pranato se ha instalado en las prisiones del país. Y con él Varela se refuerza como la ministra más radical del chavismo”, advirtió.
El hecho llamó la atención de Placer: al igual que Maduro y su esposa Cilia Flores, discípulos del gurú Sai Baba, Varela viajó a la India para conocer a aquel hombre de túnica naranja y melena afro, que decía ser divino, en su ashram de Puttaparthi.
Con el subtítulo La secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela, el libro de Placer encontró los puentes invisibles entre “lo peor del régimen que se puede encontrar en Venezuela y la ilusión y la devoción absoluta, una contradicción increíble”, como dijo a Infobae en junio, durante una presentación en Miami.
Iris Varela, ministra de Prisiones de Venezuela, admiradora de Sai Baba y favorecedora de los delincuentes del llamado “pranatoâ€.
Iris Varela, ministra de Prisiones de Venezuela, admiradora de Sai Baba y favorecedora de los delincuentes del llamado “pranato”.
En dos capítulos de su libro, “El reino de los pranes” y “Salir en libertad cuesta USD 10.000”, Placer explicó el modo por el cual el mismo poder que tiene un templo de santería dentro del Palacio de Miraflores se vuelve menos espiritual al negociar intercambios con los delincuentes más violentos.
Los pranes obtienen permisos para salir de la prisión y garantía de impunidad para que puedan delinquir desde la cárcel, a cambio de que sean “controladores de manifestaciones” y “una red de defensa en el caso de que Maduro sea depuesto por una revuelta popular”. También una fuente de ingresos.
Las cárceles venezolanas son un infierno para todos sus habitantes, excepto para los pranes.
Penales como infiernos
Para los presos sin poder o influencia, los penales venezolanos son una forma del infierno. Es raro el día en que no mueran algunos, “por una palabra mal dicha o por una deuda”; en celdas repletas, también la muerte es la solución del problema: “El hacinamiento se resuelve a tiros”.
Las cárceles venezolanas son un infierno para todos sus habitantes, excepto para los pranes.
Con armas blancas de fabricación casera y pegamento comercial para maderas y plásticos, pega loka, “aprenden a auto curarse los disparos en el pie o las puñaladas en un costado del abdomen”. Esos ataques son el castigo cotidiano por el “bicheteo”: el incumplimiento, “por desconocimiento o descuido, las leyes impuestas por las verdaderas autoridades del penal: los pranes”.
Este gobernante máximo tiene una corte de ayudantes, “los presos que están montados en el ‘carro’ y gozan de completa libertad e impunidad dentro del recinto”. Pero esos cooperantes son, también, un peligro del cual es necesario cuidarse:  “Cada vez que un pran es asesinado por otro delincuente en la cárcel para adquirir su poder y ocupar su puesto, la noticia corre por todos los penales: ‘Lo bajaron del carro’”.
El pran tiene servicio doméstico: limpieza, cocina y retiro de cadáveres, todo a cargo de otros presos reducidos a servidumbre. Y no sólo es la máxima autoridad entre los detenidos: “También puede ser el jefe de los policías que lo custodian, el que permite que los oficiales lleguen a fin de mes con los sobornos y las comisiones”.
Su influencia trasciende los muros de la cárcel, indica El dictador y sus demonios. Placer habló con el hijo de uno de los portavoces del pranato: figuras que negocian con las autoridades y que “conocen dónde se depositan los pagos de los presos y a qué representantes del gobierno terminan beneficiando”.
—Ese pago termina en la alta jerarquía del chavismo, en el entorno de ls propia ministra Iris Varela —le dijo esa fuente.

Un ex funcionario de una cárcel del estado de Miranda lo dio por cierto: “Eso lo sabe todo el mundo. Cada semana un funcionario del gobierno venía a recoger su parte de la ‘causa’”.
Pago o muerte: la “causa”
Además de su función como creadores de las leyes internas, los pranes son autoridad impositiva: recaudan una cuota semanal, la “causa”. No pagarla conlleva desde lesiones hasta la muerte.
(EFE)
(EFE)

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