CRÓNICA | Los Potreritos: aquí solo nos alimentamos con cambures

CRÓNICA | Los Potreritos: aquí solo nos alimentamos con cambures

El cierre de una calle para exigirle a las autoridades que recojan la basura que lleva acumulada más de un mes, en el municipio Sucre del estado Portuguesa, refleja las precariedades en las que viven actualmente millones de venezolanos: falta de comida, de agua y los chantajes de una caja CLAP

Llegar hasta los sembradíos de café, ubicados en Chabasquén a 6,71 kilómetros de Los Potreritos, era la ruta trazada, sin embargo, en este último, los pobladores mantenían la calle cerrada el jueves 10 de mayo, desde las ocho de la mañana. Con cauchos, palos y piedras, exigían a las autoridades que se hicieran cargo de la basura que lleva más de un mes sin ser recogida. Las moscas y el hedor dominan el lugar.
Uno de los hombres que se encontraba cerca del alboroto dijo que los desechos han causado enfermedades a los niños y que en más de una oportunidad las madres han tenido que correr con sus hijos a otros caseríos cercanos para alejarlos de la podredumbre y la contaminación.
“Tenemos casi un mes con la basura allí, nos traen los camiones de basura de Campo Elías, mas todo el desperdicio del municipio Sucre, ya esto se rebosó y sale para la carretera. Afecta a más de 300 familias en la comunidad”, relató José Fidel Valladares quien vive allí desde hace veinte años.
Entre las enfermedades que enumeraron los manifestantes se cuentan: diarrea, fiebre, vómitos y escabiosis. “Ya esto no se aguanta”, se escuchaba por un lado, mientras que por el otro alguien gritaba: “¡Queremos el alcalde, queremos el alcalde y el presidente pa’ fuera!”.
Una larga fila de carros esperaba a que se restableciera el paso, mientras la gente hacía un llamado al Gobierno ante los distintos medios que se encontraban presentes y donde también le solicitaban al gobernador del estado Portuguesa, Rafael Calles, que “tomara cartas en el asunto” y les resolviera no solo ese problema, sino también otros que aquejan a Los Potreritos desde hace varios años.
“A nosotros con tal de que nos traigan una máquina y la pongan allí por ocho días, no habríamos realizado esta toma, pero allí botan basura casi tres municipios y el alcalde Alfredo Mendoza no aparece desde diciembre que vino a hacer campaña y no ha dado la cara. En diciembre vino a ofrecer que iba a resolver los problemas y a hacer el acueducto porque tenemos más de tres años sin agua”, agrega Valladares, un hombre de unos 65 años.
La desidia recorre las calles empolvadas de tierra donde la “feria del asfalto” no llegó. La delgadez es otro rasgo de los pobladores, así como la pobreza y el desgaste de sus ropas. Las montañas son opacadas por la precariedad en la que viven los habitantes de una de las zonas más importantes para el cultivo de café en el país.
La basura no es el único problema que enfrentan en esa comunidad, la falta de agua y la escasez de alimentos también, para José Fidel “comprar un camión de agua en Bs. 500.000” es un precio que pocos pueden pagar, por lo que las familias optan por ir a lavar al río de Biscucuy o el Saguaz.
Cuando llueve los desechos se desbordan y llegan hasta las viviendas de unas 50 familias que viven alrededor del depósito, un lugar improvisado detrás de un portón donde la basura completamente anárquica ya forma una montaña.
“Este es un problema ambiental, un tema de contaminación porque nos afecta a toda la comunidad. Tenemos también problemas de la vialidad, cerca del río Saguaz hay un tremendo hueco, se nos está hundiendo la vía, una madre de familia, un padre de familia pierde la vida, así como la ha perdido hoy una familia de Chabasquén en Valle Verde”, lamenta el hombre visiblemente enojado. El día de la protesta coincidió con un accidente en moto que acabó con la vida de un padre y su hija de 15 años.
Unas cuarenta personas había en el lugar, la policía observaba de lejos, mientras que el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) pidió el paso más temprano para averiguar un aparente homicidio ocurrido más adelante, a estos fueron los únicos a los que el pueblo accedió a dejar pasar.
Al preguntarle a José Fidel por la alimentación de los habitantes de Los Potreritos, su indignación se agudizó y dijo: “aquí dan ganas de llorar, ganas de llorar, aquí llegan las bolsas de comida cada tres meses y cada cinco o seis meses el tal CLAP de la caja, entonces la próxima semana cuando vienen las elecciones (presidenciales) ofrecen la caja. En diciembre la ofrecieron y ahorita la vuelven a ofrecer, cada vez que viene una campaña es así. Nosotros nos estamos muriendo de hambre, tenemos niños desnutridos, solo estamos comiendo cambures y gracias a que tenemos los cambures y yuca estamos comiendo”.
La localidad asegura que adquirir los alimentos es “muy difícil”, en un país donde la inflación anualizada ya supera más de 13.000%, según los últimos datos revelados por la Asamblea Nacional, el único organismo público que entrega cifras económicas de la nación, debido a que el Banco Central de Venezuela evade esta responsabilidad desde hace unos cuatro años. A juicio de la organización de derechos humanos Provea, el CLAP no garantiza el derecho a la alimentación y además asegura que “es un mecanismo excluyente” que se erige en la ideologización y control de la población, en 2016 la ONG los llamó “El apartheid alimentario”.
“No tenemos harina porque un saco de maíz cuesta 12 millones de bolívares, no tenemos ni arroz, ni espagueti, no tenemos nada, aquí nos alimentamos con cambur, esa es la comida de Los Potreritos porque la jefa del consejo comunal Marina Alcalá que trabaja en la alcaldía no da la cara, ni busca soluciones, no le echo toda la culpa al consejo comunal, pero ella es la coordinadora y nos reúne cada vez que vienen elecciones para ofrecerle mentiras a la comunidad, para que voten por el candidato del Gobierno, dice que va a llegar la bolsa de comida cada 15 días y después no aparece por ninguna parte, así sucesivamente todas las elecciones y pasa el año y apenas dos o tres bolsas de comida llegan”, denunció el manifestante.
En la zona otro de los principales rubros que se da es el cambur, según los habitantes lo preparan como sopa, ese se ha convertido en el alimento seguro, pues un kilo de carne en Venezuela supera los tres millones de bolívares. El salario mínimo vigente en la nación a partir del 30 de abril, es de un millón de bolívares, este no cubre ni el 2% de la canasta alimentaria.
Tras unas ocho horas de protestas los habitantes abrieron el paso, al día siguiente nuevamente tomaron las calles para pedirle a las autoridades que se encarguen de la basura que ha convertido Los Potreritos en un lugar inhabitable. Las distintas quejas reflejan la realidad de la nación, que solo en abril de 2018 registró más de 900 protestas de acuerdo a un informe del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

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