2012: Fin de mundo para el deporte venezolano

Foto: Archivo BDA

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Carlos Valmore Rodríguez | [email protected]

-Records

En 365 días Miguel Cabrera monopolizó, como nadie lo había hecho en casi medio siglo, el control sobre los departamentos de average, jonrones e impulsadas en un circuito de las Grandes Ligas y se irguió como el primer venezolano en ganar el premio al Jugador Más Valioso, la máxima condecoración de las mayores; el espadachín Rubén Limardo se colgó una medalla de oro olímpica en las pedanas de Londres y en Barcelona -España- Pastor Maldonado se volvió pionero entre sus compatriotas pilotos de Fórmula 1 al triunfar en la pista catalana de Montmeló.

Ah, y en Seattle, el carabobeño Félix Hernández tiró un juego perfecto, proeza jamás alcanzada hasta entonces por un lanzador de su país.

-Los mayas acertaron

Como toda la prensa local, 2001 le dio amplio centimetraje a Cabrera el 4/10/2012. Un día antes, en la distante Kansas City, hogar de los Reales, el infielder de los Tigres de Detroit se erigió como monarca en los tres rubros que conforman la Santísima Trinidad del bateo: promedio, cuadrangulares y remolcadas.

Con .330 de average superó por cuatro puntos a Mike Trout, el jugador favorito de las Grandes Ligas y héroe del nuevo análisis sabermétrico; con 44 bambinazos aventajó por uno a Josh Hamilton, el cañonero de los Rangers de Texas que tenía en su parque de Arlington un aliado tan valioso como Cabrera, un enemigo en el Comerica Park, la casa de los Tigres. 

A Hamilton también lo derrotó en la competencia de impulsadas: 139 contra 128. La República Bolivariana de Venezuela estaba de nuevo bajo la égida de un Rey, uno con tres coronas.
La hazaña de Cabrera estremeció los cimientos de la prensa deportiva estadounidense. No era para menos.

La última vez que un bateador había dominado los renglones de average, jonrones y remolcadas, que requieren habilidades mutuamente excluyentes para el común de los mortales, fue en 1967, cuando Carl Yastrzemski conectó .326, golpeó 44 vuelacercas y generó 121 carreras para los Medias Rojas de Boston. La Triple Corona del bateo parecía una antigualla, algo de otro tiempo, una gesta oculta bajo el manto de mitos y leyendas. Cabrera la trajo al siglo XXI. El beisbol estaba de plácemes. Después de todo, los unicornios sí existían.

Y claro, habría recompensa. Lo hecho en 2012 fue el golpe de autoridad que necesitaba Cabrera para decretar su reinado sobre los artilleros del siglo XXI. Solo faltaba un documento que lo acreditara: el premio de premios, la Medalla del Congreso del beisbol: el Más Valioso. En el pasado hubo venezolanos, Cabrera entre ellos, merecedores de la distinción, pero siempre alguien que sacó más votos.

Si con la Triple Corona no bastaba, ¿qué había que hacer? ¿Levitar? ¿Caminar sobre las aguas? ¿Multiplicar panes y peces? Los criollos habían obtenido títulos de bateo, distinciones al Novato del Año, el Cy Young, el Relevista del Año, el Mánager del Año. Solo el MVP se resistía a viajar a Venezuela.

En 2012 ya el beisbol se estaba mirando con nuevos anteojos, los de la sabermetría, los “cibernéticos”, como los llamaba Cabrera. Ellos vinieron a poner en entredicho el orden establecido. Para la sabermetría poco importaba el average, sino el porcentaje de embasado; las impulsadas, desde su prisma, valen menos que el slugging. Para esta creciente comunidad, la contraseña de la grandeza tiene tres letras: WAR.

Y en esa guerra contra el análisis tradicional su ariete era el novato sensación Mike Trout, Mister WAR. Algunos de sus epígonos argumentaban que Trout ofrecía a su equipo, los Angelinos de Los Ángeles, más habilidades que ayudan a ganar juegos, por su mayor aporte con el guante y las piernas con respecto a Cabrera. Por eso lo que debía ser una obviedad se convirtió en feriado nacional salpicado de alivio: el 15 de noviembre de 2012 MLB anunció que Miguel Cabrera, el triplecoronado, añadía una nueva insignia a su uniforme: la del Más Valioso de la Liga Americana.

El beisbol venezolano había hallado su Santo Grial. ¿Y saben qué le había dicho Cabrera a Meridiano en agosto, cuando ya su temporada era un suceso? Que a él lo que más le gustaba de su campaña era lo que había mejorado con el guante en tercera base. La pregunta sobre la Triple Corona la despachó a 500 pies de distancia: “Yo de eso no hablo”. El resto de la humanidad beisbolera no hablaba de otra cosa.

-Amplia cosecha

Cabrera triplecoronado y Más Valioso; Limardo en lo alto del podio, Maldonado cruzando la meta en Barcelona antes que todos. Hernández transformándose en el lanzador perfecto. Johan Santana haciendo un esfuerzo sobrehumano para alzarse como el quinto criollo, y primer pitcher de los Mets, en lanzar un no hit no run en la Gran Carpa.

Omar Vizquel poniéndole fin a su gloriosa carrera de Salón de la Fama. Y fue todo en 2012. Fin de mundo. ¿Cómo llamarán a Miguel Cabrera en lengua maya-quiché?

2018-07-30

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